viernes, 17 de junio de 2016

Pienso, luego renuncio.

¿Alguna vez han sentido durante su trabajo como profesores (si han tenido la oportunidad de serlo) que algo está mal con la forma como funcionan nuestras escuelas?
Hoy presentamos la confesión de un exprofesor tres veces ganador al Maestro del año de la ciudad de Nueva York.




John Taylor Gatto fué profesor de literatura inglesa en escuelas públicas de Nueva York por más de 25 años. Durante tres años consecutivos (1989-1991) recibió el premio al Mejor Profesor de la Ciudad pero en 1991, después de recibir por primera vez el premio al Mejor Profesor del año del Estado, Gatto renunció a su trabajo afirmando que ya no estaba dispuesto a seguir dañando a los niños. En julio de ese año escribe un artículo en The Wall Street Journal titulado “I quit, I think” (Renuncio, creo).

¿Nosotros a qué podríamos renunciar? Renunciar a la farsa y la rigidez, al autoritarismo, a la falta de compromiso institucional, a creer que sólo algunas personas son inteligentes, a la separación de la vida y la escuela... pero no renunciamos a la utopía.

A continuación presentamos una traducción de aquel artículo para conocer por qué renunció Gatto.
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He enseñado por 26 años en escuelas públicas pero ya no puedo más. Durante años les pedí a directores y administrativos que me permitieran enseñar un currículo que no lastimara a los niños pero ellos tenían otras cosas en mente. Por eso voy a renunciar, creo.

Con el paso del tiempo he podido comprender lo que realmente enseño: un currículo que provoca confusión, niveles o posiciones de clase, justicia arbitraria, vulgaridad, rudeza, falta de respeto por la privacidad, indiferencia a la calidad y sobre dependencia. Les enseño como encajar dentro de un mundo en el que no quiero vivir.  
    
No puedo más. No puedo seguir entrenando a niños para que esperen a que se les diga que hacer; no quiero entrenar a alguien para que deje lo que está haciendo al sonido de una campana; no puedo persuadir a que los niños aprecien la justicia de su lugar en la clase cuando no existe y no puedo convencer a los niños de que los profesores tenemos secretos valioso que pueden obtener si se vuelven nuestros discípulos. Nada de eso es cierto.  
    
La escolarización pública es la más radical aventura de la historia. Destruye a la familia al monopolizar la mejor época de la niñez y al enseñar la falta de respeto por el hogar y los padres.
    
¿Estoy exagerando? Difícilmente. No se espera que los padres participen en nuestras escuelas. Mis órdenes como profesor son lograr que los niños se ajusten a un sistema de entrenamiento animal, no ayudar a que cada uno encuentre su camino personal.
    
El diseño completo del proceso escolar es egipcio, no griego o romano. Proviene del dogma que supone que el valor humano es un elemento escaso, representado simbólicamente por la estrecha punta de una pirámide.
    
Esa idea pasó a la historia norteamericana a través de los puritanos. Encontró su representación «científica» en la curva de campana de Gauss, a lo largo de la cual se distribuye el talento según alguna Ley de Hierro de la Biología.
     
Es una idea religiosa y la escuela es su Iglesia. Ofrezco rituales para mantener la herejía a raya. Suministro documentación para justificar la pirámide celestial.
    
Sócrates previó que cuando la enseñanza se convirtiera en una profesión formal, algo como esto pasaría. El interés profesional busca hacer que parezca difícil lo que es fácil, subordinando lo que es laico al sacerdocio. La Escuela se ha convertido en un proyecto de generación de empleos, proveedor de contratos y protector del orden social, demasiado necesario como para permitirse a sí mismo ser «re-formado». Tiene aliados políticos que vigilan su marcha, por eso las reformas vienen y van sin cambiar demasiado. Incluso los reformadores no pueden imaginar la escuela de forma muy diferente.
    
David aprende a leer a los cuatro años; Raquel, a los nueve. En un desarrollo normal, cuando ambos lleguen a 13, no se puede decir quién aprendió primero: los cinco años de diferencia no significan nada en absoluto. Pero en la escuela etiqueto a Raquel como «incapacitada para aprender» y también hago perder velocidad a David.
    
A cambio de un cheque de nómina, instruyo a David para que dependa de mí para decirle cuándo comenzar y cuándo parar. Nunca superará esa dependencia. Identifico a Rachel como mercancía defectuosa, perteneciente a la «educación especial». Después de unos meses, estará atrapada en ese sitio para siempre.
   
En 26 años de enseñar a ricos y pobres casi nunca encontré un niño “incapacitado para aprender”; pero tampoco alguno “súper dotado”. Como todas las categorías escolares, estos son mitos sagrados, creados por la imaginación humana. Derivan de valores cuestionables que nunca examinamos porque conservan el templo de la escolarización.
    
Ese es el secreto detrás de los exámenes de respuestas cortas, campanas, bloques de tiempo iguales, clasificación por edades, estandarización y todo el resto de medidas escolares-religiosas que lastiman a nuestra nación.
    
No existe una forma correcta para educarse, hay tantas como huellas digitales. No necesitamos profesores certificados por el Estado para que haya educación: eso garantiza probablemente que no la habrá.
    
¿Hace falta más evidencia? Las buenas escuelas no necesitan más dinero o un año más largo. Necesitan tomar decisiones de forma autónoma; necesitan ofrecer variedad pensando en cada situación individual y requieren asumir riesgos. Tampoco necesitamos ni un currículum nacional ni una evaluación nacional. Ambas iniciativas surgen de la ignorancia de cómo aprende la gente o de una deliberada indiferencia a ello.
    
No puedo enseñar de esta manera por más tiempo. Si sabe de algún trabajo donde no tenga que dañar críos para vivir, hágamelo saber. Para el próximo otoño estaré buscando trabajo, creo.

John Taylor Gatto.
The Wall Street Journal, July 25th, 1991


También pueden escuchar la versión del artículo como lo presenta en su libro The Underground History of American Education.


Una traducción completa del libro puede encontrarse aquí:
http://historiasecretadelsistemaeducativo.weebly.com/

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